
El aborto es un problema social muy arraigado en nuestra historia, y aún en nuestros días, en plena época de la anticoncepción y el sexo seguro.
La palabra aborto viene del latín abortus que significa sin nacimiento. Sin embargo, el aborto se define como la muerte del niño dentro del vientre de su madre.
Aunque hoy en día se utilicen términos con menos crudeza como “interrupción del embarazo”, eso no cambia la esencia de este hecho, que es provocar la muerte a un niño antes de que nazca.
En la antigüedad el aborto era un método generalizado de control de la natalidad. Es a raíz del afianzamiento de las religiones en el mundo que la práctica del aborto se prohibió, pero recién hasta el siglo XIX se le consideró ilegal.
La razón por la que se prohibió era para proteger la salud de las mujeres, ya que esas épocas los abortos eran muy riesgosos. Solo se permitían cuando la vida de la madre estaba en peligro.
Rusia fue el primer país en legalizar el aborto por voluntad expresa de la madre en 1920. Siguieron su ejemplo Japón y algunos países de Europa del Este después de la Segunda Guerra Mundial.
En 1960 la despenalización del aborto se extendió a muchos países, aunque no libre de condiciones. Este proceso de despenalización continúa con fuerza hasta hoy, aunque aún existen países que por cuestiones religiosas mantienen leyes restrictivas y condenatorias contra el aborto.












